La industria discográfica y cómo combatirla (o formar parte de ella)

Un pequeño país en un lugar “olvidado” del globo carece de industria discográfica. En este país lanzado cruelmente al vacío destino del abismo cultural, se instala una sucursal de una empresa discográfica multinacional, la cual, no cuenta actualmente ni con un estudio de grabación propio, radios o medios de difusión o una cartilla de artistas de quienes editar discos.

Como es una inversión riesgosa valerse de todo esto recientemente nombrado, la empresa comienza a importar discos de bandas extranjeras de su propio catálogo internacional. Es barato y fácil, se importa el disco, se fabrica una matriz en un país vecino que cuente con la tecnología necesaria y una moneda débil y se mandan a replicar miles de copias (para abaratar los costos por cantidad) e importarlas exentas de varios impuestos, ya que han sido producidos bajo licencia de esa empresa y no serían, gracias a eso, artículos de importación, precisamente.

Cuando esta empresa logra convencer culturalmente a las personas que habitan ese país de que lo único que pueden consumir en materia musical son estos discos de artistas extranjeros, se genera lo que los empresarios llaman un target. Ya hay potenciales consumidores de estos productos.

¿Para qué producir cosas locales si las extranjeras se van a vender bien y sin necesidad de inversiones e infraestructura? En este país no hay leyes que prioricen la industria interna por sobre la importación desmedida de cosas (bienes, servicio, bienes culturales o de lo que sea).

Si esta empresa creciera, traería a los artistas de esos países a tocar al pequeño país, cobrando entradas carísimas con la excusa absurda de que estos cobran en moneda extranjera, de que estos vienen de muy lejos, de que armar ese show es muy caro y así…

Probablemente, si creciera aún más, esta empresa instalaría emisoras de radios o también le pagaría a las radios locales para que casi toda su programación musical, incluya exclusivamente a estos artistas que la misma empresa promueve.

Para contentar a esa extraña gente conservadora de las costumbres tradicionales del país –e incorporarla a la lista de consumidores–, la empresa contrataría a uno, dos o a lo sumo tres artistas folclóricos (uno de folclore tradicional, otro de folclore erudito y otro que fusionaría folclore con pop, para los más osados consumidores) y los haría grabar discos siguiendo, de alguna manera, un estándar de calidad, estilo, ideología, estética que define y caracteriza a la tan mentada empresa y la destaca por encima de todas las otras a nivel mundial.

Estos artistas rara vez saldrán de ese país, serán más bien chivos expiatorios de la empresa y un motivo para decir que “crearon algo regional” o algo propio.

 

 

Ahora bien, este país podría ser, por ejemplo, Argentina, que no es un país pequeño en absoluto, y menos que menos, pobre (aunque si olvidado), pero que nos sirve como ejemplo.

Argentina carece por completo de industria discográfica, sobre todo propia. Algunas personas rebatirán esto con la idea de que en Buenos Aires existen las filiales de las multinacionales oligopólicas de la industria discográfica mundial, pero, reparad en que me referí a “Argentina”. Buenos Aires es otro país. Es una ciudad autónoma que parasita y coloniza económica, cultural y jurídicamente a su vecino país de la República Argentina. Entrar en este campo es un poco turbio sin utopía administrativa posible, ya que, en lo que a mi respecta, un mundo ideal carecería de fronteras y naciones.

Un país como el argentino, completamente vaciado de producción discográfica propia en lo que se refiere al circuito realmente comercial, podría emanciparse tranquilamente y autoabastecerse. Quién dice que no, en un futuro no muy lejano, logrado ya el autoabastecimiento musical, se logre una exportación mundial muy exitosa y fructífera.

Por esto, elaboro a continuación una lista de artistas y proyectos musicales rosarinos que considero de potencial impacto mundial (si es que las condiciones de industria se dieran favorablemente). Voy a incluir, naturalmente, proyectos en los que participé. Solamente a esos que admiro realmente.

Los enumerados a continuación son sólo los que componen su propia música:

 

.Guo Cheng

.Marta Caporali

.Juani Favre

.Atilio Basaldella

.Mariano Cambiaso

.Charlie Egg

.Sinapsis

.Eduardo Vignoli

.Banda Enorsai

.Una cimarrona

.El Hombre Ascensor

.Mi Nave

.Bit Dilerz

.Delay Dealer

.Kemada con Flash

.Lesbiano

.Los Daylights

.Los Impedidos

.Axion//Protesta

.Desarme

.Pablo Jubany

.Sandimas

.Ponzonia

.Los Codos

.In Ánima

.Simple

.Sumergido

.Oscar Favre

.Los Shocklenders

.Hijos del Reyna

.Lucas Alberti

.Pasaje Noruega

.Juan Iriarte

.Jimena Dominguez

.Tío Gasheta

.Santo Chango

.Cool Confusion

.Christine Keller’s

.De*Mononinos

.Los Orilleros del Paraná

.Matilda

.ÑÑÑÑ

.Los Vándalos

.Black Doh

.Bareth Sesions

.Contium

.Vera Baxter

.Bajodelirios

.Du-All

.Entelequia

.Juan Lemos

.Popono

.Crudeza (Leonardo Toro)

.Wayramuyu

.El Fuego de la Semilla

.Los Cuatrillizos Descartables

.Muerto en Pogo

.Zona 84

.Los Argies

.Mercado Nocturno

.Intense Mosh

.Saqueo

.Máquina Matarife

.Julio Benavides

.Ensamble Ferroeléctrico de Marte

.Los Buenos Modales

.Norma Pons

.La Desalmada

.El Berna

.Andrés Mantelo

.Cristian Ballachino

.Fer Mariño

.Ale Beresi

.Lauphan

.Cursi y Melancólico

.Nacho y El Robot

.Agustín Mac Donald

.Alicia

.Germán Acuña

.Chivo Gonzalez

.Sabina Valentini

.Budajipis

.Etaro

.Emi Boero

.El Gran Diamante

.Rosario Smowing

.Scraps

.Carmina Burana (banda un poco de Rosario, un poco más de Firmat)

.Coki Debernardis

.Zen Sessions

.Martín Laurencena

.Martín Reynoso

.Martín Tesa

.Rey de Corazón

.Los Sucesores de la Bestia

.Perro Suizo

.Degrade

.Sergio Ivanovich Orquesta

.La Pocilga

.Lima Sur

.Risotragia

.Artistas bajo los sellos independientes de PX Discos, Soy Mutante, Polvo Bureau, Jubilo, Rompe y otros emprendimientos independientes tan comprometidos

 

…y creo que seguir no tiene ningún sentido. Sobre todo porque cada dos o tres meses aparece una nueva banda revolucionaria en esta ciudad y cercanías. Similares listas podrían elaborarse con respecto a la música en ciudades como Córdoba, Santa Fe, Paraná, Corrientes, Fiske Menuko, Mendoza, Neuquén, Paso de los Libres, La Banda y otras. Y véase que he omitido demasiados géneros también.

 

Entonces, lo que haría yo si contara con el capital inicial necesario, sería fundar una compañía discográfica que funcione de forma cooperativa con la finalidad de insertar a estos proyectos (y muchos otros más) en el circuito comercial a nivel nacional y con la expectativa de, a su momento, pensar en la exportación mundial.

El primer paso sería instalar una oficina modesta donde trabajarían un contador, un equipo de publicidad, un grupo de diseño gráfico y uno o dos abogados internalizados en cuestiones musicales (derechos de distribución, coy right, copy left, derechos de imagen, leyes sobre venta digital, etc) que funcionarían como “consejeros” de los artistas adherentes al catálogo; un controlador de catálogo y un departamento de ventas web, para empezar. No hay editor en jefe, todos los miembros nos encargaremos de decidir qué editar en una asamblea semanal y de forma unánime.

El contrato con los artistas sería de manera desinteresada: el artista expone sus gastos y honorarios, el sello expone sus gastos y honorarios, se llega a un acuerdo común sobre el porcentaje de cada una de las partes.

Con lo recaudado por parte del sello, la idea es cobrar los sueldos más austeros que nos fuesen posibles para poder destinar mucho dinero de inversión para el crecimiento de la cooperativa (en adelante, denominada “La Discográfica”).

Con ese dinero, el plan clave es la publicidad: cualquier cosa bien publicitada, por horrible, mal producida, innecesaria e inservible que sea, se vende bien. Si no, observe a su alrededor por unos minutos, esté donde esté.

Siendo la primer inversión la publicidad, para asegurar no solo que las ventas marchen bien, si no, eso que hacen las grandes industrias de todos los rubros, para generar una colonización cultural: “esto que les vendo es realmente buen arte. El resto es una basura” (slogan de EMI, Sony, Warner, BMG, etc.).

Una vez lograda la “colonización” y estando toda ciudadana y ciudadano de esta ciudad totalmente bajo convicción de que El Arte Rosarino es Bueno y vale la pena consumirlo, las siguientes inversiones serán del tipo edilicio: alquilar o, siendo muy pudiente ya La Discográfica, comprar un local en el microcentro, preferentemente en una esquina bien transitada, del circuito comercial masivo de Rosario (por ejemplo, Mitre y Córdoba).

Ahí, instalar una tiende descomunal al estilo cadena de discos (Musimundo, Zivals, etc) que solamente, al menos al comienzo, venda discos de producción local y regional, pero haciendo de las góndolas más importantes, esas donde se exponen los discos de La Discográfica. Descuentos, promociones, tarjeta especial para clientes habituales y todo eso que le gusta tanto a los empresarios, como a los consumidores.

Una vez instalada esta tienda y en pleno funcionamiento, instalar una antena y conseguir un espacio radial propio en el dial de la frecuencia modulada y, en un espacio bien hermético de ese mismo edificio, construir un buen estudio de radio con su respectivo auditorio para emitir shows en vivo y presentar discos y artistas prometedores.

Si la radio prospera de la debida manera, que lo haría, gracias a las grandes sumas de inversiones en publicidad, instalar un estudio de TV para emitir por Internet diversos programas de música donde se centre la atención en Rosario, la provincia de Santa Fe y luego de otras provincias del país (recuerdo, excluyendo del mapa del país a la infame ciudad autónoma de Buenos Aires).

Habiendo generado ya un circuito comercial masivo, sólo resta hacer las dos inversiones más importantes: un complejo de estudios de grabación y una fábrica de CDs.

La primera funcionaría como funcionan en Londres los estudios de Abbey Road, o bien como Circo Beat o El Abasto en la macabra ciudad anteriormente nombrada que dijimos que no pertenecía a este país tan rico pero saqueado.

La segunda vendría a suplir una necesidad nacional que viene primando desde hace décadas: no hay fábricas de discos compactos en Argentina. Para fabricar discos, cualquier artista independiente o compañía discográfica, ya sea menor o del oligopolio, debe recurrir a dos fábricas situadas en el vecino país de la ciudad autónoma de Buenos Aires. Suena paradójico que empresas como Warner o EMI tengan que tercerizar ese servicio, ¿no? Pues nosotras, las personas de La Discográfica, tendríamos esa autonomía que ni las grandes multinacionales discográficas tienen en este territorio-país.

Habiendo ya generado esa autonomía total sobre la producción fonográfica, su venta y su target proporcionado a través de la colonización cultural, el resto es dedicarse a producir música, que es lo que más nos gusta. Luego, esto se extendería hacia todo el país, de forma viral o bien a través de sucursales en distintas ciudades que se dediquen a producir contenido local y regional.

Así alejaríamos grandes males como el consumo desmedido de discos extranjeros de pésima calidad musical (cuando hay todo tipo de competencia a nivel interno) y evitaríamos llenar estadios de fútbol con bandas, hoy horribles que, en algún momento de su existencia, llenaban estadios en Manchester y Río de Janeiro y rebosaban de calidad sonora y creativa.

Lamentablemente, no poseo el capital inicial.

¡Tome, emprendedor ávido y millonario, aquí tiene su idea revolucionaria!

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s