Un día de frío

El sol golpea de una forma muy particular…
El tiempo, que no importa, se filtra por la rejilla de la soledad.
El frío en la piel no anuncia el invierno…
El gusto amargo en la boca seca tampoco.
Se ve que pasaron los años,
las décadas,
unos días, unas noches…
unas horas. No importa.

El gris de las paredes me tiñe ahora la frente.
Veo fotos: hijos, amigos, amantes,
noches de juerga, de tablones largos en suelos de escenarios,
copas de vino
(de a miles)
y sonrisas cómplices.

Pierdo el pulso lentamente.
Es un algorítmo rítmico que desconozco
el latido extraño de un corazón que se apaga.
Es un compás de siete octavos, una voz con delay de fondo ke murmura glosolalias.
Me llaman los muertos,
me susurran su nombre.
Veo a mis padres, a mis abuelos y a todos los heroes vanos de todas las guerras.

El sol sale muy lentamente, pero todavía no me ilumina a mí.
Me hundo el el bosque
y salgo a pasear por el éter,
volando descalzo.

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