Una vieja nota sobre el amor libre y contra el amor capitalista

Qué (creemos que) es el amor

Antes que nada, me gustaría compartir algunas ideas sueltas que fueron publicadas en el zine Zyntoma de México D.F., donde se habla de una forma estrictamente cientificista -a mi parecer- o bien con un lenguaje bastante deshumanizante, sobre todo esto que algunxs creemos que es el amor.
Para quien no entendiese que Zyntoma se refiere al amor como el concepto más corriente utilizado en esta sociedad, y no a un concepto desprejuiciado de lo que la misma palabra pudiese implicar, el texto, en una lectura cruda y directa, puede ser  hasta desalentador.
Yo prefiero referirme al amor como un sentimiento demasiado saturado, sin mesura, que inspira igualdad, fraternidad, compasión, comprensión, compañerismo y otras cuestiones netamente positivas. Algo que no es digno de ser intelectualizado y, menos que menos, conceptualizado… Algo, si se quiere, sublime y que escapa a la naturaleza humana.
Cuando hablo de “amor”, no hablo de “enamoramiento”. Eso si que es una enfermedad mental-social y un desequilibrio hormonal que también conlleva a casos extremos de neurosis, e incluso, a enfermedades sociales que causan graves males en masa.
Dice, entre otras cosas, la nota en Zyntoma:
“Normalmente (…) se reserva el término “amor” para las relaciones familiares y parafamiliares. Se habla de amor entre padres e hijos, entre esposos y entre parejas (que son protofamilias nucleares), estableciendo una clara distinción entre esta clase de afecto y el amistoso, hasta el punto  de que los términos “amor” y “amistad” se suelen utilizar como mutuamente excluyentes. Es frecuente decir “sólo somos amigos” para desmentir una supuesta relación amorosa… Y el padre que le dice a su hijo “me gustaría ser un amigo para tí” está expresando claramente que la amistad no es algo intrínseco en la relación paterno-filial típica, sino, en todo caso, algo a conseguir como superación de la misma.”
Llegando hasta este punto, antes de retomar la lectura de Zyntoma, es muy importante no conceptualizar de manera única a las relaciones. Por qué un amigo o una amiga no puede ser alguien a quien amamos o hasta alguien con quien tenemos sexo o una relación íntima?
Entrar en otra discusión sería el asunto de revisar qué tipos de condicionamientos lingüísticos tenemos, con los que nos someten a suprimir la imaginación y la visión poética de la vida…
Conceptualizar, de por sí, parece una forma de excluir la esencia de la palabra, y así, de toda estructura  de pensamiento. Esto sucede con todo, pero en este caso nos referimos al “amor”.
Zynthoma continúa diciendo: “El psicoanálisis ha demostrado de forma concluyente la índole erótica del afecto filia, a duras penas, enmascarada por el más fuerte de los tabúes -haciendo referencia al
incesto- (…). En el amor subyace el deseo compulsivo de recuperar ese “paraíso perdido” en el que la madre era la prolongación del Yo y su inagotable fuente de placer y seguridad. En este sentido, el amor es siempre infantil, regresivo: se niega a aceptar la evidencia de la separación irreversible, de la alteridad autónoma e inabarcable (…) Los enamorados firman con sangre el siguiente contrato edificio: tu vas a fingir que yo soy lo más importante para tí, el centro de tu universo, y yo fingiré que tú eres el centro del mío, de este modo olvidaremos que desde que salimos de la infancia, estamos irreversiblemente solos y solas, cada uno confinado en el centro de su propio universo (…), cuando en realidad yo no soy más que uno entre miles de actores que podrían representar el mismo papel para tí. A cambio, yo fingiré que tu eres para mí, algo insustituible (cosa que me resultará más fácil en la medida en que tu me hagas creer que yo soy único para tí). En un mecanismo esquizofrénico ad-hoc, estos actores se creen, no solo la farsa del otro, sino también, la propia. La única diferencia entre el seductor y el auténtico enamorado, estiba en que el primero sólo engaña al partener, mientras que el segundo también se engaña a sí mismo (…). Del mismo modo en que la religión es
una forma de amor al padre (o sea, al principio de autoridad) deificado, el amor es una forma de religión, la respuesta mítica al carácter inasequible e incognoscible de la eternidad. Si la religión es una mitología destinada a conjurar el miedo a la muerte, el amor es una mitología destinada a conjurar el miedo a la soledad, y como tal, dificulta el enfrentarse objetivamente al problema y favorece a la perpetuación de un sistema basado en la explotación y la competencia más asolidarias, a causa fundamental de la soledad extrema en que vivimos.”
Esto, de por si, nos deja demasiado para elaborar suficientes conjeturas al respecto…
En el fanzine “Salto al abismo” de Farsa Realidad (buenos aires), en una edición de fines del 2006, aparece este artículo de Zynthoma seguido de la Carta a Pablo, de Mijail Bakunin (1845).
No quiero dar por sentado de que todxs lxs que lean esto van a saber quién fue Bakunin, pero si quiero poner énfasis en insistir que lean esa carta. La pueden buscar en google o en cualquier edición antológica de Bakunin, porque si bien tiene el tenor de “rareza”, por su valor conceptual, debe estar en varios lugares.

Con esto definimos, al menos, UN concepto de “amor”. El más corriente y utilizado, así quiera decírsele el “más común”.
Por otra parte, podemos decir que el amor es el sentimiento que dispara la ternura, la fraternidad, solidaridad y compasión con todos los seres, que es lo que algunxs religiosxs y espiritualistas llaman “El amor infinito”, que en mi opinión, es el único auténtico.
Los otros conceptos de amor son autoimposiciones, y sin correr el riesgo de caer en el absolutismo, lo explico de la siguiente manera: el “amor”, como creemos que lo conocemos, es una farsa. Es una actitud neurótica con la que nos “salvamos” de varios males de esta sociedad. Con él enfrentamos a la soledad, al no-retorno al útero, a la carencia de la figura protectora de nuestra madre, a sentirnos únicxs, solxs, en el vasto universo, lo cual, si se aprendiera a contemplar y disfrutar, lo sabríamos grandioso!
Retomando el concepto de “amor infinito”, podemos quedarnos tranquilxs de que es el sentimiento que nos sincroniza y nos ayuda a comunicarnos con el resto de los seres vivos (y hasta a veces, incluso con los seres abióticos). En este caso, el amor vendría a ser una salvación para la humanidad -ahí el concepto hippista e incluso punk del amor-, lo que todos los seres deberían adoptar para proyectarse al lugar de los otros y poder comulgar con la universo íntegro, despojándose de la desigualdad y con eso, de todos sus males.
Con esto podemos finalizar la definición de “amor”, diciendo que este es siempre el mismo sentimiento, ya sea entre hermanxs, acompañerxs, el amor de un padre o una madre a un hijo o hija, el amor de una persona hacia su mascota o a su pareja o la forma que tenga de denominar a la persona que le acompaña y le da sexo, excluyendo la posibilidad de que otras lo hagan, lo que es peligrosísimo para la psiquis!

Daños mentales y sociales provocados por la monogamia

Luego de esto, todas las estructuras sociales y mentales que conspiran contra la libertad, van a tratar de intervenir con la pureza de este sentimiento para pervertirlo y desviarlo, para eso, justamente, para que no alcancemos la libertad!
Fijémonos bien en quiénes son lxs que nos imponen estos conceptos: la iglesia, con sus diversas formas de represión sexual y hasta amorosas tales como “el amor para toda la vida”, el matrimonio, la monogamia, el celibato, el pecado original, etc.; el estado, con la unión civil, el matrimonio legal, las leyes maritales contra el adulterio…
Luego vemos como el incesto nos pone una barrera entre nuestrxs padres y nosotrxs, al punto tal de eliminar toda posibilidad de creer que estamos enamoradxs de nuestrxs padres, o, lo que es peor, pensar que el lo podríamos llegar a sentir por ellxs, no es amor.
Esto facilita el dogma de La Familia. “Yo quiero a mis padres porque son mis padres”, es como uno de los diez mandamientos “amarás y respetarás a tus padres”… Por qué? Sólo porque son mis padres? Si mis padres me odian? Si me maltratan? Si no me estiman?
Este mandamiento (antiguo y contemporáneo), se utiliza para sumir a lxs jóvenes en lo que sus ascendentes planean para ellxs, y así truncar toda forma de motivación personal o sueño propio, parte, también, del mecanismo de destrucción del pensamiento independiente o espontáneo, siempre utilizado para vaciar a los seres humanos de su más pura esencia: el intelecto.

La monogamia es una capitalización del amor: yo sólo puedo amar a una sola persona. En términos metafísicos (o, si se quiere, para lxs escépticxs, simbólicos), es centrar la energía. Es generar un circuito cerrado de energía estacionaria, o que en todo caso, circula entre dos personas, siempre las mismas, impidiéndosele a otras y asimismo, estancándola en dos personas no cambiantes. La “energía del amor” y la “energía sexual” (o libido), que bien podrían ser las mismas con diferentes traducciones en nuestro sistema nervioso, sirven para generar todo tipo de motivaciones, pero lo más importante, generan la evolución y circulación de la solidaridad y la compasión.
No podríamos negar, luego de toda la tormenta de conceptos ya tirados sobre todo el tema, que la monogamia se trata de un acto de represión intelectual y emocional. Un terrorismo emocional, como lo llama una amiga mía.
Este terrorismo emocional se instala en nuestras vidas de la forma más común e incuestionable, tal como cualquier dogma que nos entregaron desde que nacimos. Una vez instalado, si condena al que no lo cumple.
Creo ya haber explicado bien el motivo de por qué lo usan en contra nuestra…
Así como muchos sacerdotes le imponen a otros el celibato, mientras mantienen, ellos mismos, clandestinamente, todo tipo de contactos carnales, pero no viene al caso, es sólo un ejemplo.
No hace falta leer a Freud o a Lacan para saber que toda forma de represión mental (aún más cuando es autosostenida o autogenerada) conlleva a todo tipo de males psicológicos, desde la neurosis, sea cual sea su nivel, a otras formas de impedimentos del desarrollo de la psiquis de una persona y su vida social.
Con respecto al daño social provocado por la monogamia, ya lo explicó muy bien Zynthoma, estamos confinados a eliminar toda forma de solidaridad, base en temer a compartir el amor, “dificulta el enfrentarse objetivamente al problema y favorece a la perpetuación de un sistema basado en la explotación y la competencia más asolidarias, a causa fundamental de la soledad extrema en que vivimos”.

Salgo a la calle y me veo rodeado de miles de personas. Son gente, como yo, pero no me conocen. Muchxs de ellxs ni siquiera contemplan la posibilidad de querer conocerme, sólo van tras lo suyo, a menos que yo les despierte algún interés para con su vida y sus actividades; Estamos solxs en esta sociedad. El estilo de vida que llevamos es netamente individualista, paradójicamente, insertos en una sociedad, un conjunto de personas, las que operan un sistema en el que todxs vivimos sumergidxs y activxs.
La única forma de revertir este mal social es abriéndonos a lxs demás. Una buena forma de empezar es descapitalizando el amor.
Quienes hayan visto “Waking life” o “Despertando a la vida” de Richard Linklater, recordará la escena donde una chica se topa con el protagonista en una escalera y ella, al ver que ambxs siguen de largo sin decirse nada, le propone generar vínculos con las personas desconocidas, y “no ser como las hormigas, que al chocarse se esquivan y va cada una para su lado”.
Quien no haya visto esa película, no sólo se le recomienda, sino que se le insiste fervientemente en verla, ya que tiene un valor filosófico altísimo y es terriblemente reveladora.
Dejando de hacer todo este tipo de citas, me remito a una conclusión más rígida (a no temer al término): nos hicieron y nos hicimos esclavos afectivxs. No nos damos cuenta que estamos restringiendo la entrada y la salida del amor en nuestras vidas de una forma horrible y, sobre todas las cosas, insanas. Estamos no compartiendo, estamos siendo egoístas! Estamos siendo niñxs celosos de los juguetes del otro niño, o peor aún, niñxs que no quieren compartir sus juguetes con los demás. Si llevan el término “juguete” a “pareja”, se van a horrorizar de lo que nos está pasando…

Poliandria y descapitalización del amor

QUé lindo lo que encontré en wiquipedia: “Poliandria (del griego polýs: muchos y andrós: hombre). Condición infrecuente (al menos en tiempos históricos), análoga a la poliginia, en la cual una sola mujer puede estar al mismo tiempo en matrimonio con varios hombres.”
– Pologinia: Poliginia (del griego polýs, “muchos”, y gyné, “mujer” ) es un término utilizado tanto en biología como en la antropología del parentesco y la sociobiología. El término opuesto a este es monoginia. En botánica una flor poligínica es aquella que tiene varios pistilos. En zoología es el hábito de algunas especies por el cual el macho tiene más de una pareja sexual.
Parece ser que Poligamia es la forma de denominar la parición de diversas personas en una relación amorosa, indiferente de su género, osea, Poliginia hace referencia a un hombre en comunión con muchas mujeres y Poliandria a una mujer con varios hombres.
Las ciencias y la lingüística se van a quedar cortas siempre para revelarnos la naturaleza de nuestra esencia…
No estamos haciendo referencia a los grupos amorosos, pero que siempre, al menos en la literatura y en la historia, aparecen como grupos, aunque suene paradójico, herméticos.
La solución a la descapitalización del amor, sería poder expandir ese grupo humano sin fronteras.
Ya varixs dijimos “lxs amantes de mis amantes deberían ser mis amigxs” o “lxs amantes de mis amantes deberían ser mis amantes”. Es una forma de simplificar todo el concepto y, además, suena extremadamente bonito.
En “Eros y anarquía” de Osvaldo Baigorria, el compilador de estos textos nos dice, en su prólogo, que para Roberto de las Carreras la figura del Amante es bandera de lucha contra el matrimonio burgués, según el panfleto publicado en Montevideo en 1902, en el cual el autor relata cómo descubre a su propia mujer en brazos de otro hombre y, en vez de sentirse traicionado, exalta a la adúltera como la mejor alumna de su enseñanza erótico-libertaria.
Ahí tenemos una práctica!
Con mi amiga hablábamos hace unos días de la perpetuación del romance a través de la incertidumbre…
Tuve una relación exitosísima con una mujer durante casi dos años, donde en ningún momento decayó el romance. Todo esto sucedía por la impredictibilidad de ambxs: yo tengo que reconquistarte (aunque el término conquistar sea erradísimo) todos los días! No compito con tus otrxs amantes potenciales, que bien pueden ser amigos míos, pero si quiero tu amor, me lo voy a ganar con todo tipo de actitudes sinceras y dándote mi atención cuando la necesites y yo esté dispuesto a dártela. O bien, yo quería que esta noche durmiéramos juntxs, así que voy a eliminar toda posibilidad de creer que, como sos mi compañera indiscutible, eso se da por sentado, y voy a tratar de ganarme tus ganas de pasar tiempo conmigo.
Es otro ejercicio que hace que las relaciones humanas sean más fuertes y no decaigan. A esto lo llevamos al amor en general: mis amigos no me tienen que querer simplemente porque “soy su amigo”, sino que debo ganarme su amor constantemente.
En Eros y Anarquía, al final del libro, figura una “glosario no monogámico básico”.
Acá extraje un fragmento:
“LIBERTAD:
La libertad en el amor implica que quienes la practiquen posean una educación sexual amplia y práctica. Por libertad de amar, por amor libre, por amor en libertad y por libertad sexual, entiendo la entera posibilidad que tiene un ser de amar a otro o a varios simultáneamente (sincrónicamente), según lo empuje o lo incite su determinismo particular, sin atención ninguna a las leyes dictadas por los gobiernos en materia de inclinaciones, a las costumbres recibidas o aceptadas como código moral por las sociedades humanas actuales. Para mí, la libertad del amor se concibe por encima del bien y del mal convencionales”. (Émile Armand)
Para quién no haya leído a Armand, es el padre del concepto en amor libre y “poliamor”.
No queda más nada por decir que AMÉMONOS TODXS Y CONSTRUYAMOS UNA SOCIEDAD SOLIDARIA DONDE TODXS SEAMOS AMIGXS o al menos, donde no exista el rencor o el “odio” irracional provocado, exclusivamente, por la competencia.
Al fin de cuentas, como dijo una persona con la que tuve una charla hace poco, quien dirige un mercado de comercio solidario en la ciudad de Rosario, “el odio es una mala interpretación del amor. Es básicamente lo mismo pero, aunque tiene fines desconocidos, termina siendo lastimoso”.

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